Cambiar el foco para formar jóvenes líderes

Pasan los años y las décadas, nuevos nombres o tendencias se ponen de moda, pero seguimos transitando las mismas dificultades para lograr que la mayoría de las personas den ese salto cualitativo, tomen las herramientas que les son dadas por sus empleadores y se transformen en líderes de excelencia o fuertes referentes en estas disciplinas.


Las empresas invierten mucho dinero en capacitar a sus empleados en habilidades “soft“, como coaching, manejo del conflicto, negociación, liderazgo (en sus múltiples facetas), y comunicación efectiva. Las diversas capacitaciones suelen ser un gran repertorio de acciones que, de ejecutarlas correctamente, nos permitirán generar los resultados que esperamos: ser un buen coach, líder, negociador o comunicador. El problema es que naturalmente no funciona de esa manera.



Por un lado, nuestros hábitos nos condicionan. En el mejor de los casos, esos cursos nos servirán para tomar conciencia de que algo podríamos hacer diferente. Es como si alguien nos hiciera tomar conciencia de que tenemos 15 kilos de sobrepeso. Con solo darnos cuenta de eso, no podremos salir de la capacitación sin ese sobrepeso, pero si contamos con la voluntad de hacerlo, deberemos iniciar un camino.


La necesidad de eliminar hábitos nocivos y cultivar sanas costumbres -que tiene vital importancia a la hora de querer convertirnos en líderes-, no tiene tanto que ver con intentar ejercitar o poner en práctica las acciones aprendidas, sino con tener una determinada manera de pensar. Los comportamientos o las acciones que ejecutan los líderes de excelencia (y todo lo que nos enseñan en tales capacitaciones) son consecuencia directa de su manera de pensar y su mentalidad, y es aquí donde debemos enfocarnos.


Solo entendiendo cómo piensa un buen coach, líder o negociador podremos comprender el porqué de sus acciones. Entonces, quizás no se trate de intentar implementar un conjunto de comportamientos o acciones, sino de tener una determinada mentalidad, comprender sus modelos mentales, cómo interpretan el mundo, las relaciones, los vínculos, la naturaleza. Esa mentalidad es la que subyace a todas las acciones que vemos y queremos imitar, permitiendo que fluyan natural y sustentablemente.


De la misma manera que no se puede plantar un rosal en un desierto (ya que la sequía no permitirá que crezca), no podremos comportarnos como líderes de excelencia a menos que nuestra mentalidad sea la adecuada. Esto no es nada nuevo, los grandes sabios de la humanidad ya lo han expresado: “No se puede cambiar si no cambiamos nuestra manera de pensar”, decía Albert Einstein.


En conclusión, creo que es momento de cambiar el foco. No se trata solamente de que las empresas provean de “herramientas” a sus empleados, sino de algo mucho más profundo: enseñar cuál es la mentalidad de un líder.





El autor es socio de PwC Argentina y gerente general del Service Delivery Center de la firma. Fuente: La Nación

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