La fiebre del ‘Big Data’ en el mundo laboral

Las empresas se lanzan a la caza y formación de expertos en macrodatos e inteligencia artificial para sacar provecho de la ingente información que generamos.

 

La nueva mina de oro es la información. Cada gesto que hacemos, desde que nos conectamos a través del móvil por la mañana, usamos el transporte público o hacemos la compra entre otras rutinas, deja un reguero de macrodatos (ingente volumen de información variada conocido también como Big Data) que es susceptible de ser analizado y procesado. Pero para sacar provecho de esa veta son necesarios tecnólogos, ingenieros, científicos y matemáticos. La Comisión Europea prevé que este sector creará 112.000 empleos cada año hasta 2020 y calcula que la UE necesita ya 800.000 trabajadores de estos ámbitos, un 10% solo en España. Las compañías se han lanzado a la caza de estos empleados, las empresas de formación crean cursos específicos y algunas grandes corporaciones ofrecen cientos de becas para generar sus propias plantillas.

 

Mientras la demanda de trabajadores con competencias en tecnologías de la información crece un 8% cada año, los alumnos matriculados en ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés) han reducido su número en 65.000 y solo representan una cuarta parte de los universitarios, según un estudio de Randstad Research, una de las mayores empresas de servicios de recursos humanos.

 

“Hay una enorme cantidad de información que se genera a raíz de patrones que reflejan las cuentas de usuarios, de datos de navegación o el uso de servicios. Ahora somos conscientes del valor que tiene procesarlos”, explica Pedro Martínez Bustos, responsable de Desarrollo de Negocio de Aruba Hewlett Packard Enterprise (HPE). Estos macrodatos se caracterizan por su gran volumen, la alta velocidad a la que son generados y la extraordinaria variedad. Hasta ahora, la tecnología necesaria para analizarlos solo estaba al alcance de grandes tecnológicas, pero todo ha cambiado, empieza a ser accesible y todas las empresas quieren la ventaja competitiva que le ofrece conocer cada paso y tendencia de sus usuarios actuales o potenciales. “Eso está provocando la fiebre del Big Data. Las empresas tienen una mina, pero hacen falta mineros”, comenta Bustos.

 

Los datos no solo tienen aplicaciones en el ámbito comercial más conocido y del que Amazon ha sacado el máximo provecho. “Con inteligencia artificial y Big Data se pueden automatizar procesos, anticipar tendencias, analizar comportamientos anómalos para prevenir ataques, identificar noticias falsas, anticipar labores de mantenimiento de una máquina o precisar diagnósticos. No hay ninguna industria o actividad que no disponga de datos que puede aprovechar”, resalta el ingeniero de Aruba.

 

Empleo

“Hay trabajo en este campo y en ciberseguridad e inteligencia artificial. Todo sale del mismo sustrato. Si tuviera hijos, les orientaría hacia este sector. Hay futuro”, concluye Bustos. De la misma opinión es Mar Montalvo, directora de Desarrollo de Negocios de la empresa de servicios informáticos Oracle, presente en 175 países: “El mundo digital es una revolución que ha cambiado el ecosistema. Se van a crear nuevos empleos y las sociedad y las universidades tiene que adaptarse, aprender para estar preparados”.

 

Montalvo destaca cómo la computación en la nube (con recursos remotos que se usan en función de las necesidades) ha abaratado los costes y multiplicado la capacidad de procesamiento, por lo que cualquier empresa puede adentrarse en el mundo de los macrodatos. Desde 300 euros, una compañía tiene accesible servicios para analizar y procesar información a través de los productos de su empresa. Y, al igual que Bustos, advierte que cualquier entidad puede aplicar estos datos a los procesos de producción, calidad, mantenimiento o comercialización. Los ámbitos de trabajo van desde el derecho a la medicina o desde el urbanismo al medio ambiente o la banca.

 

Pero en esta cadena de aprovechamiento hacen falta quienes Montalvo llama “nuevos renacentistas” por la multidisciplinaridad de los perfiles necesarios para ser científico de datos. “No basta con que sean matemáticos. Tienen que conocer programación, saber del negocio, ser capaces de dialogar con los ejecutivos y tener carácter visionario y de innovación”, asegura.

 

 

 

 

Fuente: El País

 

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