Secretos de startups: cómo piensa la argentina que brilla en Silicon Valley

Les compartimos  una nota del diario La Nación en la que Rebeca Hwang da algunos consejos para emprendedores.

 

 

Como “trotadora global con ADD [déficit de atención] crónico en la vida” -así se define en su perfil de Twitter-, Rebeca Hwang hace honor a uno de los mantras centrales del emprendedorismo: vivir en estado “beta” (versión de prueba) permanente, experimentando, encarando proyectos nuevos, cultivando redes y cruzando conocimientos entre disciplinas que aparentemente tienen poco en común.

Con sólo 35 años, Hwang es hoy la argentina mejor posicionada en el ecosistema de startups de Silicon Valley, en la costa oeste de los Estados Unidos. Pero previo a este escalón, atravesó un recorrido no lineal que incluye estaciones en su Corea natal, la Argentina, la India, Nicaragua y los EE.UU., donde reside actualmente.

Llegó de su país a los seis años. “Cursé la primaria y la secundaria en Buenos Aires y me siento argentina”, cuenta Hwang a LA NACION. En el Colegio Nacional de Buenos Aires fue la mejor alumna de primero a quinto año y, cuando estaba en tercero, se anotó en un taller de periodismo porque quería ser escritora. Producía textos largos con frases cortas y muchos signos de admiración. Pero finalmente, luego de leer una biografía de Marie Curie, optó por la Ingeniería Química y aplicó para el MIT.

El embajador de Corea, a quien le pidió una nota de recomendación, le dijo que le iba a resultar muy difícil entrar. “Cuando llegó la carta de aceptación, fue la primera vez que vi llorar a mi papá”, recuerda. En el MIT comenzó a interesarse por los problemas de acceso al agua potable en países pobres y se anotó en misiones a las zonas rurales de Nicaragua (al norte de Managua) y a Bombay, la India, para colaborar con soluciones para mitigar este flagelo.

Patentó tres inventos (y tiene siete más pendientes de aprobación); entre ellos, un sistema para abaratar el costo del tratamiento del cólera. Mientras tanto, el MIT Technology Review la consignó entre los 35 innovadores jóvenes más talentosos del mundo, un logro que en su momento consiguieron leyendas como Mark Zuckerberg (Facebook), Sergei Brin (Google) o Jack Dorsey (Twitter).

“Por esa época, me picó el bichito del emprendedorismo”, dice Hwang. Luego de rechazar ofertas de bancos de inversión, se anotó en un doctorado en Stanford y, al poco tiempo, fundó con dos socios Younoodle, una plataforma online muy exitosa que permite a startups participar en la comunidad empresarial y acelerar el crecimiento de sus iniciativas. Más recientemente abrió Rivet Ventures, un fondo de inversión con foco en empresas que tienen como consumidoras finales a mujeres.

En América latina y en la Argentina, los obstáculos son mayores, en buena medida porque los capitalistas de riesgo prefieren estar cerca de los equipos en los que invierten. De acuerdo con el último Global Entrepreneurship Monitor (GEM), que realiza el IAE, el 80% de las startups que se crean en la Argentina no sobreviven más de dos años. Por su conocimiento de la Argentina, de Silicon Valley, porque hoy se dedica a evaluar proyectos para asignarles fondos, porque Younoodle, entre otras funciones, elaboró un algoritmo para predecir el éxito de las empresas nacientes y porque el año pasado fracasó en un proyecto con socios porteños, Hwang es la persona ideal para conversar sobre los pecados capitales de los emprendedores argentinos. De paso por Buenos Aires, donde fue invitada por el gobierno porteño como jurado de Aceleradoras BA Emprende, la joven empresaria conversó con LA NACION sobre los errores más comunes en este ecosistema.

Pensamiento a corto plazo

En Silicon Valley, la posesión más importante para un emprendedor es su reputación. Por lo tanto, los empresarios deben establecer lazos a largo plazo, invirtiendo esfuerzo, tiempo y favores a la red de amigos y de contactos profesionales. “La actitud es de dar antes que recibir, y siempre retribuir con un gesto generoso a las personas que lo ayudaron a uno. Cultivar una relación profunda y robusta antes de extraer valor de un contacto es clave para evitar agotar el ecosistema”, dice Hwang. “He notado que algunos tienen una visión más a corto plazo, más oportunista. De manera agresiva intentan exprimir el mayor valor posible del sistema, sin pensar en la necesidad de reponer y recargar. Esta situación crea un desequilibrio y se cierran puertas”, agrega. El pensamiento a corto plazo también se refleja, comenta Hwang, en los modelos de negocios que, muy a menudo, están más adaptados a conseguir una venta temprana de la compañía que a la creación de valor.

Mal timing

Las tendencias siguen ciclos de moda. Regularmente se observan fenómenos de los que todos hablan (hoy serían los “wearables”, la economía por compartir, etcétera), que generan algunos negocios muy exitosos que inspiran copias en otros países (por ejemplo, Groupon). El problema es que muchas veces los emprendedores argentinos llegan a Silicon Valley demasiado tarde. “Es similar a tratar de vender el diario de ayer”, grafica.

Subsidiarse con consultoría

Cuando el dinero se acaba, se vuelve muy tentadora la propuesta de algunos clientes que piden servicios de consultoría que distraen del producto central de la startup. “Tener clientes que pagan bien por un proyecto de consultoría puede crear un remedio inmediato, pero casi siempre termina disminuyendo la probabilidad de enfocarse en el producto escalable de la compañía”, advierte Hwang.

Tacañería

“A veces, los fundadores de startups son poco generosos en la distribución de acciones para el resto del equipo y los primeros empleados en la compañía. Se equivocan en pensar que tener más porcentaje de la propiedad es el resultado óptimo, cuando, en realidad, la falta de incentivos para el resto termina derivando en que uno tenga más participación de una compañía menos valiosa”.

Aspirar a “fondearse” en un viaje

Hay muchos emprendedores que se suben a un avión a San Francisco y esperan volver después de una semana de reuniones con una oferta de financiamiento. Aunque Silicon Valley concentra la mayoría de los fondos disponibles para startups en Estados Unidos, la competencia es fatal y es casi imposible recaudar fondos si el emprendedor no tiene acceso al «círculo interior». Estas expectativas erróneas crean desilusiones y queman puentes con el valle.”

 

 

 

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/

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